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segunda-feira, 14 de novembro de 2011

[ARTIGO] Pobre Brasil: Tan cerca de Dios y tan parecido a los Estados Unidos - Nilton Luz*

1 comentários

El Estado de Derecho está en una encrucijada en Brasil. Mientras que recrudece la violencia contra lesbianas, gays, bisexuales, travestis y transexuales (LGBT), disminuyen los poderes Legislativo y Ejecutivo por el conservadurismo y por una dirección retrógrada, dispuesta a utilizar cualquier táctica política a fin de mantener y ampliar su dominio. El crecimiento económico y la nueva posición ejercida por Brasil en la geopolítica económica mundial conllevan a una evolución concreta en los campos sociales y políticos, que contrasta con el creciente poder del fundamentalismo religioso, aquí fundamentalmente evangélico.

Existen tres explicaciones principales para la situación actual. Primero, se debe tener en cuenta el crecimiento de la agenda LGBT. Logros recientes, tales como la implementación del Plan de Políticas de LGBT, cuyo asesoramiento y coordinación se da con el Gobierno Federal, y el importante reconocimiento de la unión civil por el máximo órgano del poder judicial. Ambos asuntos se implementaron en forma tímida, pero se consolidaron en el mismo período lo que dió la impresión de que la gestión de los derechos de la comunidad LGBT se aceleraba. Por otro lado, la "visibilidad" de la política del movimiento en Brasil resultó en que hubo una gran cobertura de nuestra agenda por los medios. No se puede ignorar, sin embargo, la lucha constante y concreta del movimiento LGBT que de continuo aumenta su concientización, aliada a generaciones cada vez más libres en lo que hace a vivir su sexualidad. Y que, a su vez, se inscribe en el contexto de los cambios que, en esta área, experimenta el mundo.

El crecimiento tanto de las sectas religiosas en Brasil como de la agenda LGBT provoca un conflicto de intereses. La disminución del poder y de la influencia del Vaticano en el país más católico del mundo permitió el aumento de las denominaciones evangélicas, mucho más en línea con la lógica capitalista (elemento clave, por ejemplo, que diferencia a los Estados Unidos de Europa). La ética protestante se cumple en forma estricta y sus cada vez más numerosos fieles, pagan sus diezmos y/o trabajan regularmente en la iglesia. Las iglesias, por su parte, no pagan impuestos ni están obligadas a dar cuenta de sus movimientos financieros. El resultado es un rotundo crecimiento de la bancada evangélica en la Asamblea Federal y en el Senado.

Existe, no obstante, un tercer elemento ha tomar en cuenta. En los países donde la izquierda ha llegado al poder se da prioridad a las políticas sociales. En Brasil, la reforma política y otras reformas estructurales no han podido avanzar en un Congreso cada vez más conservador. Y la izquierda en el poder no avanza en aquellas políticas de reducción de la pobreza y las desigualdades sociales.

La clase social creciente en Brasil, llamada clase D, ha sido ampliamente estudiada por los estadistas y sociólogos. Es una clase que se considera a sí misma pragmática y materialista, alienada y evangélica. En esta nueva clase D predominan los jóvenes y las mujeres, no parece ser conservadora, pero es fácilmente permeable a las influencias y las mentiras. Vamos a ver qué significa esto al analizar la situación de la campaña presidencial de 2010.

La candidata de la continuidad, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, fue bombardeada con un discurso conservador que, en el momento, se centró en el derecho al aborto. La campaña de desprestigio, combinada con otros elementos de menor peso, llevó a la segunda ronda de las elecciones. No sin que antes la futura Presidenta se comprometiese a no iniciar proyectos a los que se oponen los grupos religiosos. Un retroceso absurdo.

Ya en 2011, la víctima prioritaria de los fundamentalistas religiosos dejó de ser la mujer para pasar a ser los individuos LGBT. El movimiento del kit contra la homofobia es emblemático. Los religiosos promovieron una campaña de difamación con volantes en contra del denominado kit gaypara distribuir en iglesias, plazas y subterráneos, vídeos que no se incluían en el material preparado por el Ministerio de Educación, controlado y desarrollado en colaboración con organizaciones como la UNESCO. La acción contó con el apoyo tácito de los medios dispuestos a debilitar al nuevo gobierno. La Presidenta mandó a retirar inmediatamente el material.

En América Latina, pese al moralismo religioso y a que los gobiernos de derecha y de izquierda se resisten a avanzar en la lucha contra la homofobia, el énfasis hoy en día es en el cambio. Argentina, Uruguay y Cuba son los países que más han avanzado en la promoción de los derechos LGBT. Tal vez el mejor paralelo para Brasil sean los Estados Unidos, donde las iglesias evangélicas protestan frente a los cementerios, cuando tienen lugar los entierros de los homosexuales con letreros que dicen "Dios odia a los gays" y "Se fue al infierno." Estos grupos de presión evangélicos muestran por qué el American Tea Party amenaza los cimientos del Estado norteamericano. Además allanan el camino para un escenario aterrador en Brasil, en el que la derecha fundamentalista tiene un papel central. La campaña de desprestigio contra la candidata Dilma, las mujeres y el movimiento LGBT en el 2010, el surgimiento de una derecha fascista y la aclimatación de la izquierda son señales abrumadoras de una siniestro "americanización" de la política brasileña.

Los movimientos sociales reaccionan. Por todo el país hay manifestaciones que unifican a movimientos tan dispares como de mujeres, LGBT o rurales contra la intolerancia religiosa. La solidaridad se ha convertido en un arma central contra el enemigo común. El fundamentalismo religioso se opone prácticamente a todos los sectores sociales que reclaman cambios urgentes y amenaza con retrocesos cada vez más numerosos.

Es bueno reflexionar que, por más que el Estado laico ha sido fundamental para el establecimiento de las repúblicas, nunca ejerció plenamente el poder político. El juramento presidencial americano se hace con la mano en la Biblia y los símbolos religiosos son comunes en las instituciones públicas brasileñas. Pero la relación del Estado republicano con la Iglesia católica es promiscua, conserva una cierta autonomía de los intereses seculares. La diferencia fundamental es que las iglesias evangélicas están dentro del Estado y del sistema económico. Sectores y movimientos sociales comienzan a sospechar que quieren establecer un Estado evangélico en Brasil.

Quizás es demasiado pronto para proyecciones aterradoras. Pero vale la pena intensificar la movilización popular en contra de la nueva élite política del país y en defensa del Estado laico. Esta es la principal lucha de los movimientos en la coyuntura actual de Brasil. Antes que el Tea Party abra una sucursal aquí.

*Coordinador de la organización de la Red Nacional para Negras y Negros Lésbicas, Gays, Bisexuales, Travestis y Transexuales (Red Afro LGBT) 

Artigo originalmente publicado na revista digital sueca Latice, disponível clicando aqui e no site da publicação

1 comentários:

Fabinho disse...

Como é bom sabermos o que dizem de nós lá fora acerca da situação Estado/religião, direitos humanos/conservadorismo...

E que quadro feio o Brasil mostra para o mundo, né??

Vergonha, Brasil!!!

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